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El verdadero objetivo de la gestión del talento humano no es la felicidad de tu equipo

Foto del escritor: fernando otalora
fernando otalora
10 sept
3 min de lectura
El verdadero objetivo del Talento Humano no es la felicidad de tu equipo.

Es parcialmente cierto. Y esa verdad a medias le está costando caro a su empresa.


¿Cuántas veces ha escuchado que el objetivo de la gestión del talento humano es que los colaboradores estén más felices, más motivados, más comprometidos? Es parcialmente cierto.


Durante décadas se ha vendido la idea de que un área de Talento Humano exitosa es la que logra colaboradores contentos. Climas laborales impecables. Encuestas de satisfacción en verde. Y sí, todo eso importa. Pero no es el objetivo. Es una consecuencia.


Pregúntese algo más incómodo: ¿para qué invierte una empresa en que sus colaboradores estén más comprometidos? La respuesta real, la que casi nadie dice en voz alta, es esta: para que hagan mejor su trabajo, en función de los resultados de la compañía. Porque ninguna organización —ninguna— logra sus resultados con una persona o con un puñado de personas alrededor de un fundador brillante. Se necesitan equipos interconectados, alineados hacia el mismo objetivo, que sigan funcionando incluso cuando alguien falta, renuncia, se enferma o simplemente tiene un mal trimestre.


Ahí está el cambio de paradigma que su empresa necesita hacer hoy.


La gestión del talento humano NO tiene como objetivo mantener felices a los colaboradores ni sostener un nivel de bienestar alto. Su objetivo es mitigar riesgos.


Sí. Leyó bien. La gestión del talento humano es, en su forma más fundamental y crítica, gestión de riesgo. Y no de cualquier riesgo: del riesgo más grave que puede enfrentar cualquier negocio, empresa u organización: la continuidad de las operaciones.


Cuando la continuidad operativa está en riesgo, la probabilidad de que la empresa sufra pérdidas graves —al punto de tener que cerrar— se dispara. Y esa continuidad depende, en última instancia, de que el talento correcto esté en el lugar correcto, con las capacidades correctas, sin estar concentrado en una sola persona o en un solo equipo.


Por eso el objetivo principal de la gestión del talento humano es mitigar el riesgo de que cualquier eslabón de la cadena productiva de una empresa se paralice.


El perfilamiento, la cultura, la selección y la sucesión ya existían. La pregunta es qué les está pidiendo a cada una.


Definir bien las competencias de un cargo no es un trámite de selección: es la garantía de que cualquier persona que ocupe esa posición, hoy o en cinco años, pueda sostener el resultado que la operación necesita.


La cultura organizacional se nota en cómo se comporta un equipo cuando nadie lo está mirando. Gestionarla bien es lo que hace que ese comportamiento sea predecible y alineado incluso bajo presión, no una fotografía de buen ambiente para las redes de la empresa.


Ahí entran también la selección, la evaluación, el desarrollo y el bienestar de cada colaborador: herramientas que, bien usadas, hacen que cada persona y cada equipo lleguen al resultado aprovechando lo mejor de sus habilidades, sin que ese resultado dependa de una sola persona.


Y está el plan de sucesión, probablemente la herramienta más subestimada en las empresas de América Latina. Ante cualquier contingencia —una renuncia, una incapacidad, una salida imprevista— es lo que determina si el talento que ya está adentro de la organización puede sostener la operación, o si todo se detiene mientras alguien encuentra un reemplazo.


La pregunta que debería hacerse hoy, no en la próxima crisis


Si su gerente comercial, su jefe de operaciones o su persona clave de sistemas renunciara mañana, ¿su empresa sigue funcionando la próxima semana? ¿El próximo mes?


Si la respuesta le genera duda, no tiene un problema de clima laboral. Tiene un problema de continuidad del negocio. Y ese problema no se resuelve con una pizza el viernes ni con una encuesta de felicidad. Se resuelve rediseñando cómo su empresa gestiona el talento: desde el perfil del cargo hasta el plan de sucesión.


La felicidad de su equipo seguirá siendo importante. Pero deje de tratarla como el objetivo. Trátela como lo que es: uno de los efectos de una gestión del talento que realmente protege la continuidad de su negocio.


Si terminó este artículo sin poder responder con seguridad esa pregunta, no es un vacío menor: es justamente lo que trabajamos en DEPO. Escríbanos y lo revisamos con el detalle de su empresa.


 
 
 

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